Nuestra escapada a la Semana de la Moda de Milán (o una #MFW pasada por agua)

Ana de Santos 2 de marzo de 2016

Este fin de semana, una parte de la redacción Fashionisima nos escapamos a la Semana de la Moda de Milán. La verdad es que fueron dos días de locura, en los que aprovechamos cada minuto para recorrer la capital de la moda italiana (bajo la lluvia) de desfile en presentación… Os contamos cómo han sido estas 48 horas de vértigo (y no precisamente por los zapatos que llevábamos, que eran planos, para los más de ¡40.000 pasos! que dimos en esos dos días).



¡Gracias por todas las direcciones que nos recomendasteis para nuestra primera visita a la ciudad italiana!

Después de un tremendo madrugón, el sábado por la mañana llegamos a Milán a eso de las 10:30, cogimos el tren express (que tarda ¡1 hora! del aeropuerto al centro de la ciudad) y nos plantamos en la Stazione Centrale con el tiempo justo para recoger en el hotel nuestra entrada para el desfile otoño-invierno 2016/17 de Blumarine, al que llegamos corriendo para ver una colección muy colorista y ponible, a Nati Abascal (que no encontraba su sitio) y a Anastasia.


Cuando terminó el desfile nos dimos cuenta de que estábamos muertas de inanición (¿dónde estaría el café que tomamos en el aeropuerto hacía ya más de 7 horas?), así que fuimos en busca de una pizzería, con la rabia de no haber podido llegar al desfile de Ermanno Scervino, para cuyo backstage teníamos pases gracias a Morocanoil. Sin embargo, con el estómago lleno y la felicidad de haber recargado las pilas, seguimos nuestra ruta para llegar al evento de presentación de la colección otoño-invierno 2016/17 de Just Cavalli, donde nos encontramos un escenario lleno de papel de plata y mucho grafitti.

De ahí a la presentación de la nueva colección de zapatos de Chiara Ferragni, donde nos encontramos a todo su clan familiar, a su ex y CEO de la compañía Richie y a su amiga Anna Dello Russo, además de un montón de botas estilo cowboy de inspiración vintage (y Tommy Hilfiger) que pudimos ver y tocar a pesar de la cantidad de gente que se dio cita con la ensalada rubia.

DuomoMilano

Cuando nuestras fuerzas (y las baterías de nuestros móviles) no daban para más, hicimos una pequeña parada en el Duomo y en las galerías Vittorio Emmanuele II (para resguardarnos del diluvio que caía en ese momento sobre la ciudad) de camino al hotel. Unos minutos en posición horizontal (aunque sea mientras descargas y retocas fotos) y una buena ducha caliente obran milagros, así que volvimos a vestirnos ¡y a calzarnos! para salir de nuevo a las mojadas calles milanesas en busca de un restaurante en el que instagramear (y comer, ¿o es comer e instagramear?) algo de comida típica italiana. En cualquier caso, llegamos a la conclusión de que “las instagrammers comen frío y acaban con agujetas en los brazos” (Rosalía dixit tras el enéismo intento de retratar la mesa).

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De vuelta al hotel, tras un paseo en taxi que se nos hizo eterno (y a nuestro bolsillo…), descargamos todas esas fotos que nos dejaron la cena fría y organizamos la jornada siguiente, que se nos presentaba tan repleta como la del sábado. Con todo el dolor de nuestro corazón (y de nuestros pies, que no podían más) tuvimos que descartar ya de entrada el otro backstage para el que estábamos acreditadas gracias a Morocanoil, el de Missoni porque, aunque desde aquí habíamos planeado cubrirlo, allí fuimos conscientes de lo lejos que estábamos del aeropuerto. Así que cerramos nuestra agenda con las actividades matutinas y dejamos la tarde “libre” para recoger maletas e ir al aeropuerto.

Aunque nos costó mucho ponernos en pie (sobre todo a Rosalía), a las 8 de la mañana ya estábamos desayunando y, poco después de las 9h, nos dirigíamos al desfile de Marni para tratar de pillar algunos looks de streetstyle; una jungla, con decenas de fotógrafos retratando a cualquiera que llevase algo llamativo, con coches pitando (¿será porque era Italia?) cada vez que uno de esos Maseratti se paraba para que bajase alguien y policías regañando a los imprudentes que se paraban en mitad de la calle para hacer una fotografía. Cuando ya nos habíamos empapado bastante (de la lluvia, no del ambiente), nos dirigimos a la presentación de Calvin Klein, donde nos topamos con un montón de compatriotas.

Nos hemos encontrado con Dulceida en la #MFW y nos ha contado ¡en 10 segundos! (órdenes de #Snapchat… ;) su #OOTD y atención porque las apariencias engañan… Casual sexy! <3 <3 <3

Posted by Fashionisima.es on Sunday, February 28, 2016

Y así llegó la hora de comer. Nuestro tiempo en Milán (y nuestras fuerzas) iba tocando a su fin, así que decidimos ir a comer al bar de la Fundación Prada, uno de los rincones más instagrameados de Milán…


Después de más de una hora de espera, en la que fuimos testigos de una sesión de fotos (amateur) de Missoni, conseguimos nuestra mesa, nuestra tarta rosa y nuestro capuccino (que, de nuevo, nos tomamos frío). Comimos nuestro pannini casi sin hablar de la extenuación y volvimos al hotel para recoger nuestro equipaje y salir hacia el aeropuerto. Corriendo, claro. Porque la carrera ha sido la constante de este viaje express, en el que hemos querido hacer más de lo que el (mal) tiempo permitía, pero que nos ha dejado degustar una ciudad llena de rincones maravillosos, que respira moda (a pesar de la lluvia) y a la que esperamos volver en septiembre con un poco más de tiempo y planificación (¡pero sin paraguas!)

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